Desde el momento de su descubrimiento, las vacunas han sido sin duda alguna, junto a la portabilización del agua, la medida de prevención que más beneficios ha aportado a la humanidad.1 En marzo, mes en el que conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, queremos rendir tributo a aquellas mujeres que, a lo largo de la historia, contribuyeron a la erradicación o control de enfermedades infecciosas. Conozcamos más de ellas:
Trabajó junto a Edwar Jenner en el desarrollo de la vacuna contra la viruela, luego de aprender sobre las costumbres de Constantinopla y aplicar una técnica innovadora para ese momento llamada variolización, ésta consistía en la inoculación a personas sanas de secreciones de personas ya infectadas de viruela, de este modo las personas inoculadas contraían la enfermedad muy levemente y les generaba protección. Actualmente, la viruela es una de las pocas enfermedades erradicadas a nivel mundial.2
Enfermera de profesión, participó en la primera expedición sanitaria internacional de la historia llamada Expedición Filantrópica de la Vacuna, cuyo objetivo fue llevar la vacuna contra la viruela a todos aquellos lugares recónditos del mundo (en ese tiempo no existía ningún método para transportar vacunas), por lo que recurrió a 22 niños que actuaron como “reservorios”. Durante todo el trayecto el virus se fue inoculando de un brazo a otro, de manera que se mantuviera activo hasta llegar a su destino, siempre bajo la supervisión de Isabel.3
Bioquímica y microbióloga canadiense que tuvo un papel clave en el desarrollo de muchas de las vacunas más importantes de la historia. Su trabajo en los Laboratorios de Investigación de Connaught, en Toronto, permitió desarrollar un método para mantener los cultivos bacterianos permitiendo estimular el crecimiento de las bacterias y, con él, el rendimiento de las vacunas. Este procedimiento, bautizado como el método Toronto, fue clave en el desarrollo de la vacuna de la tos ferina/ tos convulsiva. Además, en 1941 comenzó a estudiar la toxina de la disentería como “ingrediente” para el desarrollo de una vacuna, además de apoyar en el desarrollo de la vacuna de la polio.4
Isabel, en los años 40 del siglo XX, junto con el equipo de científicos de la Universidad Johns Hopkins demostró con experimentos en monos que la inmunidad también se podía conseguir a partir de virus inactivos, reduciendo drásticamente los efectos adversos de las vacunas y abrió la puerta a una nueva era en su producción. Además, fue clave para que Jonas Salk pudiera finalizar con éxito su vacuna contra la polio. Es el motivo por el que Isabel es la única mujer que forma parte del conocido como “muro de la fama de la polio” del Instituto de Rehabilitación Roosevelt Warm Springs.5
Es una investigadora postdoctoral, se ha encargado de analizar la respuesta inmunitaria de los voluntarios que han participado en los ensayos clínicos para el desarrollo de la vacuna de la COVID-19.6
Como ellas hay muchas más, que han contribuido y seguirán haciéndolo por el bien de la humanidad.